Educar en resiliencia: ayudar a los niños a afrontar la frustración

La frustración es parte natural de la infancia: perder, equivocarse, esperar o aceptar un “no”.
Aunque queramos evitarles el malestar, aprender a tolerarlo es clave para su desarrollo emocional. La resiliencia —la capacidad de adaptarse y recuperarse ante las dificultades— se construye poco a poco con el apoyo de la familia y la escuela.
¿Por qué enseñar resiliencia?
Los niños resilientes:
- Afrontan mejor errores y fracasos
- Toleran la frustración y la espera
- Ganan autonomía y seguridad
- Buscan soluciones en lugar de rendirse
- Se recuperan con más facilidad
No se trata de “endurecer”, sino de darles recursos para afrontar la vida con confianza.
Claves para acompañar la frustración
1. Normalizar el error
Equivocarse es parte del aprendizaje. Permitir que lo intenten y se equivoquen fortalece su autonomía.
2. Validar la emoción
Reconocer cómo se sienten (“Entiendo que estés enfadado”) sin justificar conductas inadecuadas.
3. Enseñar a esperar y tolerar el malestar
Aceptar que no todo se resuelve al momento ayuda a desarrollar paciencia y regulación emocional.
4. Valorar el esfuerzo
Poner el foco en la constancia y las estrategias, no en el resultado final.
5. Dividir tareas difíciles
Fragmentar retos grandes en pasos pequeños evita que se sientan desbordados.
6. Fomentar la búsqueda de soluciones
Guiar con preguntas para que piensen alternativas y confíen en sus capacidades.
7. Modelar la calma
Los niños aprenden observando. Mostrar serenidad y verbalizar estrategias es una enseñanza poderosa.
Protegerles de todo malestar no les prepara para la vida. Acompañarlos, escucharles y confiar en su capacidad para superar dificultades sí lo hace. La resiliencia es un aprendizaje que les acompañará siempre.